Su compadre y amigo Hernán Puello nos ofrece un recorrido por la vida de quien fuera protagonista de la lechería argentina los últimos 50 años.
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Para el sector vinculado a la lechería, la noticia del fallecimiento del Ing. Agr. Miguel Paulón, ocurrida el día 25 de abril en Buenos Aires, a los 72 años, luego de sufrir una prolongada enfermedad, puede pasar sólo como la desaparición física de quien presidiera el Centro de la Industria Lechera (CIL) durante los últimos años.

Pero para quien la vida quiso que un día nuestros caminos se encontraran en los inicios de nuestra profesión, ese fue un pasaje, uno más, en su extensa y fructífera labor en el desarrollo del sector productivo argentino.

Nacido en un pequeño pueblo rural- La Criolla- ubicado a 165 kilómetros al norte de la ciudad de Santa Fe, cursó sus estudios en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza. Al poco tiempo, se integra a la Dirección de Extensión Agropecuaria del Ministerio de Agricultura y Ganadería santafesino.

En aquellos años, gracias a la visión de destacados profesionales, la provincia de Santa Fe había firmado un convenio con AACREA. Así nacen los llamados “CREA Convenio”, que posibilitaron la formación de numerosos grupos de pequeños y medianos productores en todo el territorio santafesino.

También se hizo algo similar con cooperativas del sector, permitiendo la radicación de ingenieros agrónomos en numerosas localidades, quienes comenzaron a impulsar los cambios tecnológicos.

Allí fue donde nuestros caminos se encuentran. Miguel Paulón tuvo la responsabilidad de conducir esas actividades que fueron un ejemplo en el país.

Pocos años bastaron para que llegue a ocupar el cargo de Director General de Extensión. Desde allí se manejaba la relación con otras instituciones, como el INTA, Universidades, Colegios Profesionales, organizaciones de productores (CRA, Coninagro, FAA) etcétera. Desde su área también dependía todo lo referido a la lechería provincial.

Como extensionista, reporté a él en mis inicios por un convenio celebrado con la Cooperativa de Tamberos de Ambrosetti. Luego formé parte del equipo de extensión, justamente en el área de lechería, en el MAG.

En 1983 ingresé a SanCor, y quiso la suerte que un par de años después la Cooperativa contratara sus servicios, y Sunchales volvía a unir nuestro trabajo y nuestras familias.
Por sus condiciones profesionales, su laboriosidad, su dedicación al trabajo, poco tiempo después accede a la Gerencia del Área de Producción Primaria de SanCor.

Fue una etapa de importante transformación en la Cooperativa. Las viejas cremerías habían desaparecido, y las pequeñas cooperativas comenzaran a fusionarse, dando lugar a nuevas cooperativas de primer grado, las que asumían cada vez funciones más importantes al servicio de sus productores. Ellas comenzaban a “destetarse” de la madre cooperativa. Lo cual fue un proceso complejo.

Le tocó a Miguel Paulón conducir, desde lo operativo, una serie de actividades que tenían como objetivo el fortalecimiento de esas cooperativas.

Su gran creatividad, su carisma, su dedicación al trabajo, permitió que esas transformaciones fueran mayormente exitosas, a pesar de las complicaciones que desde la política interna de la cooperativa suponían.

También en esa época se produjeron cambios en los pagos por calidad (sí, SanCor siempre pagó por calidad). El sector por él conducido debió ocuparse de manera muy especial en la necesidad de mejorar los contenidos de proteína de la leche recibida, que por entonces era muy bajo. Hasta allí, lo que importaba era la grasa.

Miguel había sido Profesor de Forrajes en la Facultad de Esperanza. De allí que no le pasó desapercibido el papel que podrían cumplir las nuevas alfalfas sin latencia. Junto a técnicos vinculados a la Asociación de Cooperativas Argentinas impulsó la posibilidad de multiplicar en el país. También la importación desde EEUU, que facilitó la llegada de la entonces famosa CUF 101 a todos los productores a un precio accesible.

Dada la importancia que la alfalfa tenía en base forrajera, tuvo la responsabilidad, junto a don Aldo Cantón, representante de Coninagro en INTA, de impulsar el Convenio de Vinculación Tecnológica, que se incluía también a Produsem. Fruto de ese convenio fue el nacimiento de la alfalfa Monarca, que llegó a ser la variedad privada más sembrada en el mundo. Las gestiones de Miguel Paulón (estando ya fuera de la Cooperativa) ante empresas de EEUU permitió a SanCor la multiplicación en aquel país.

Si bien nunca tuvo participación en partidos políticos, fue convocado para integrar el gabinete del gobernador Carlos Reutemann, como Secretario y luego Ministro de la Producción.

Desde esas funciones, nunca dejó de asumir las responsabilidades que suponen el cargo. Con una dedicación que, a lo largo de su vida, parecía inaudita para quienes compartimos momentos con él. Conciliador como pocos, siempre encontraba alguna idea para acercar posiciones. No gustaba de enfrentamientos.

Una condición digna de destacar fue su austeridad. Esa cualidad que tanto necesita hoy y siempre nuestra Argentina. Viajaba en micros, se alojaba en hoteles baratos. No hacía ostentaciones. Cuidaba el dinero del Estado o de la empresa en que trabajaba, como si fuera suyo. Como debiera ser siempre.

Fue Secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación. No tuvo dudas en renunciar cuando se impusieron las retenciones, algo conocido por la mayoría. Pero también pudo ver de qué modo esa función está condicionada a otras áreas.

Fue Director del BICE, un cargo donde percibía que podía aportar mucho por su conocimiento del sector agropecuario. Sin embargo, tras las elecciones de 2003, no fue confirmado por el nuevo gobierno.

Cuando la Cooperativa Asociación de Unión Tamberos (propietaria de Milkaut) decide vender el área industrial, es propuesto para un lugar en el Directorio. Lugar que debía contar con el acuerdo de la parte vendedora y de la cooperativa.

Cumplió diferentes tareas en el sector privado. En 2009 es elegido presidente del Centro de la Industria Lechera, cargo que desempeñó hasta la aparición de la enfermedad que acabó con su vida.

Sin ser industrial, debía interceder ante las autoridades y ante el gremio e intentar resolver los problemas permanentes de la lechería. Me consta su amargura cuando debía lidiar con el gobierno y con los conocidos aprietes del sector que a través de ese medio contribuyen a que la lechería sea una actividad cada día menos atractiva para sus protagonistas.

Miguel Paulón siempre sintió más preocupación por los demás que por el mismo, aunque muchos no lo apreciaran. Y, contra lo que es habitual, no aprovechó sus puestos o relaciones para hacer fortuna. Todo lo contrario. Murió cobrando una injusta jubilación- como muchos en este país- y trabajando hasta el último día en que su salud lo permitió.

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