Los desafíos “tranqueras adentro” para seguir en la actividad con números positivos. La visión de Miguel Taverna, un gran referente del Inta y presidente de Funpel
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La lechería es una actividad tan noble como pasional. Todas aquellas personas ligadas al sector primario comparten un amor único por esas vacas que, a diario, generan uno de los alimentos más nutricionales que existe, aunque algunos sectores se esmeren en defenestrarlo.

En los tambos no hay recetas mágicas. Todo lo que se logra es fruto del esfuerzo y compromiso de todas las partes intervinientes. Se trata de una actividad que no conoce de feriados ni vacaciones porque al animal se lo ordeña todos los días del año, independientemente del clima o el gobierno de turno. Sin embargo, cada establecimiento “es un mundo” y por eso hay distintos desafíos, y por sobre todas las cosas recursos, para alcanzar un crecimiento sostenido.

Los denominados “tambos chicos” constituyen un segmento importante. Son aquellos que producen menos de 2.000 litros diarios y que, por lo general, tienen mucha mano de obra contratada. Teniendo en cuenta que la torta debe repartirse en varias porciones, inevitablemente el concepto de eficiencia cobra relevancia y el gran interrogante surge de manera imperiosa: ¿qué deben hacer para mantenerse y crecer productivamente?

Ecos365 dialogó con el Ing. Agr. Miguel Taverna, una referencia ineludible del Inta (pertenece a la EEA de Rafaela) y presidente de Funpel, una fundación que trabaja con la mira puesta en la promoción y desarrollo de la cadena láctea.

Precisamente, y ante la consulta, el experto analizó: “El problema de los tambos con esas características es que no permite generar un resultado que posibilite una inversión en término de mantenimiento de capital para poder sostenerse”.

Ante este escenario, indicó: “Uno de los objetivos del sector y la cadena contempla la necesidad de mantener y sostener la mayor cantidad de gente en el campo porque eso genera arraigo y desarrollo en los pueblos del interior productivo. Para ello, debe trabajarse con herramientas y estrategias vinculados a esquemas asociativos que tiendan a preservar el capital de los productores”.

En la teoría, la descripción resulta impecable. Pero el propio Taverna sabe que llevarla a la práctica no es tan sencillo. “Hay una restricción y un problema de mentalidad porque para llevar a cabo todo eso se requiere confianza y una apertura mental que permita abordar otro tipo de enfoque y negocio”.

El recambio generacional, otro factor clave

Han sido muchos los tambos que cerraron sus tranqueras en las últimas décadas. Los números oficiales muestran que desde el comienzo del nuevo milenio, hasta la actualidad, la producción prácticamente se ha estancado en unos 11.000 millones de litros de leche, con una particularidad: en el mismo período, la cifra de establecimientos ha caído de manera notoria.

Son varias las causas que obligan a cerrar un tambo: económicas, financieras, climáticas y también generacionales. Justamente, sobre este último punto, Taverna decidió poner el foco: “Los jóvenes prefieren vivir en zonas urbanas en lugar de continuar en el campo porque las condiciones son diferentes; en la ruralidad es difícil el acceso a internet, la energía eléctrica escasea, pero tampoco hay caminos, escuelas y salud”.

Es evidente la falencia en términos de infraestructura, motivo por el cual resulta imprescindible que se realicen las inversiones necesarias a los fines de captar a esas generaciones que quieran continuar en la actividad.

Al respecto, expresó: “A la hora de hablar de un salto, debe haber un cambio tecnológico y organizacional del sistema de producción para que resulten más atractivo y desafiante a las nuevas generaciones”.

Y agregó: “Hoy un productor agrícola puede saber qué está pasando con su equipo (cosechadora, pulverizadora, tractor, etc) desde su celular y lo mismo se puede hacer en un tambo, con herramientas de precisión; son todas cuestiones indispensables para que los jóvenes puedan permanecer en el sector”.

Por último, Taverna señaló: “El tambo, con un nivel de eficiencia y productividad adecuado, supera largamente en el tiempo la rentabilidad por hectárea que presenta la actividad agrícola en nuestra zona. Cuando hablamos de un productor tambero, no hay que perder de vista que muchos combinan producciones y son mixtos, para reducir o limitar el riesgo y eso es importante que se pueda sostener. Hay un concepto importante y es que, a diferencia de otros países, nosotros todavía podemos crecer en eficiencia y de una manera sustentable”.

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