Argentina |26 febrero, 2019

lácteos | Residuos lácteos dan vida a pinturas látex

Impulsado por un drama de su historia personal, el tucumano Guillermo Corbalán decidió crear pinturas amigables con el medio ambiente y con la salud. Su fórmula novedosa consiste en reutilizar el suero de leche desperdiciado por la industria quesera.

Guillermo Javier Corbalán se crió entre las pinturas del negocio de sus padres. A los cinco años supo que un vecino de su barrio había fallecido debido al contacto directo con los sintéticos tóxicos que usaba en su trabajo como pintor de autos. Motivado por ese recuerdo traumático, en la adultez se propuso crear pinturas que no afectaran la salud. Mientras desarrollaba su investigación, este contador tucumano imaginó que los residuos lácteos desechados por la industria quesera podrían servir como materia prima para cumplir con tal propósito. Ingenieros químicos oriundos de Córdoba examinaron su idea y le confirmaron que era posible. Así, Corbalán inició “Biopinturas Argentinas” en 2015, un emprendimiento de pinturas ecológicas cuyo objetivo es el cuidado del ambiente y de sus habitantes. “Yo no tuve esta idea de la nada, hay toda una historia por detrás que justifica esto”, sentencia el propietario de la empresa, que ya es licenciataria de la “Marca Tucumán”, certificación otorgada por el Instituto de Desarrollo Productivo de la provincia (IDEP).

La innovación de este proyecto consiste en “quitar” la toxicidad a las pinturas de látex blanco. A partir del aprovechamiento de los sueros de leche descartados durante la elaboración de quesos, los creadores de este emprendimiento fabrican pintura libre de resina sintética (basada en petróleo y altamente tóxica y contaminante, según Corbalán). La clave de este proceso químico está dada por la transformación de esos residuos lácteos en proteínas concentradas que “son amigables con la ecología y la salud”. “Luego de terminar mi carrera, me picó el bicho del emprendedurismo y logré esto que está creciendo ahora”, explica el dueño de la empresa.

Durante el transcurso de la entrevista que ofreció a este diario, el contador repite en distintas oportunidades la importancia de “transitar el camino emprendedor”. Investigación, permisos, pruebas de mercado, ventas y exportación son las cinco fases dentro de ese trayecto. “Biopinturas Argentinas” está cerca de empezar la tercera etapa, según su análisis. “Ahora vamos por la planta piloto. Se harán las pinturas a pequeña escala para luego probarlas en el mercado”, anticipa Corbalán. Por ello, pese a que ya están probados científicamente, los productos de este emprendimiento aún no son comercializados.

Llegar al presente no ha sido para nada sencillo. Una vez que tuvo la idea, la primera dificultad que atravesó el emprendedor fue hallar en Tucumán ingenieros químicos capaces de acompañar su proyecto. Ese panorama lo llevó a buscar alternativas en otras provincias. Fue así que conoció a dos profesionales del área en la Universidad Nacional de Río Cuarto, en Córdoba, dispuestos a trabajar en la elaboración de las pinturas ecológicas. “Firmamos un contrato de confidencialidad para resguardar la fórmula y así pudimos iniciar las investigaciones hace cuatro años. Todos los fines de semana viajaba para reunirnos y cotejar los avances”, rememora.

Una vez que lograron el producto, los socios de “Biopinturas Argentinas” llevaron una muestra a un centro tecnológico de Buenos Aires. Obtenido el visto bueno que demostraba su calidad y sus propiedades sustentables, Corbalán inició oficialmente la empresa, cuyas oficinas están emplazadas en el barrio El Bosque de esta capital. “Así sumé a mi hermana, que también es contadora; a mi hermano, que es licenciado en Marketing y a mis padres, que ya tienen experiencia en el manejo de pinturerías. También se incorporó al equipo Sebastián Díaz, que es ingeniero químico de aquí”, precisa Corbalán.

Un producto premiado

La obtención de una pintura natural -cuyo proceso de invención fue finalizado en Tucumán- le valió a “Biopinturas Argentinas” numerosos reconocimientos nacionales y provinciales que facilitaron los permisos para autorizar la producción del producto, que no encajaba dentro de ninguna categoría debido a su nivel de novedad. “Esto no se encontraba en el nomenclador para pagar impuestos. Por suerte, conseguimos los permisos ya que contaba con distinciones”, comenta Corbalán. Según el emprendedor, su producto químico de base láctea es el sexto del tipo en todo el mundo, pero el primero en lograr una mezcla capaz de pintar. Por ello, la invención se encuentra en vías de ser patentada.

En 2016, el equipo obtuvo un Fonsoft (fondo fiduciario de promoción de la industria del software) para el desarrollo de un sistema de control informático para las “biopinturas”. Al año siguiente, recibió el sello “Proesus” (Programa de Emprendedores para el Desarrollo Sustentable) del entonces Ministerio de Ambiente de la Nación. Luego, tras recibir la licencia de la “Marca Tucumán” por parte del IDEP, la marca fue beneficiaria de un préstamo del Fondo Semilla, programa nacional destinado a asistir a emprendedores. Finalmente, en octubre del año pasado participaron del “Foro Internacional Climactivo” organizado por el Ministerio de Salud provincial, donde también fueron premiados.

Al referirse nuevamente sobre ese “camino emprendedor”, Corbalán cuenta a modo de anécdota: “envié cartas a funcionarios, personas reconocidas y hasta al Papa. Es así: al comenzar, hay muchas puertas que se abren, otras que se cierran, y otras en las que no sabés qué pasa. Como dicen los chinos, es reconocer que no se trata de fracasar, sino de aprender”.

Consultado sobre los costos de producción de su innovación, el emprendedor asegura que elaborar sus pinturas resulta “más competitivo”. “Además de cuidar la salud de las personas, como es un producto que posee aditivos ecológicos y naturales, elimina la resina sintética, que es lo que encarece el látex. Entonces, termina siendo más barato”, señala.

El año 2019 se presenta como un período repleto de desafíos para “Biopinturas Argentinas”. Además de instalar la planta piloto y de lanzar su invención al mercado, Corbalán ya evalúa la posibilidad de producir en colores su pintura ecológica. Su horizonte es aún más ambicioso: ya tiene pedidos de todo el país, y asegura que están dadas las condiciones para que su marca se proyecte internacionalmente.

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