Cuando desde mediados de 2016, la Cooperativa SanCor comenzó a pagar los salarios de los empleados en forma diferida (en cuotas), empezaba también, para estos una caída sin retorno hacia la degradación de sus condiciones de vida, la precarización laboral y la perdida de casi todos sus derechos como trabajadores.
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En 2017 vinieron los aprietes patronales para aceptar los retiros voluntarios y los cierres de las Plantas de Coronel Moldes, Centeno, Charlone y Brinkman, mientras que la burocracia de Atilra firmaba un acuerdo con la empresa y a espaldas de los trabajadores por el cual estos se vieron obligados a ceder a la patronal el 15% de sus sueldos durante un año. Monto que jamás fue reintegrado al personal.

Héctor Ponce negociaba por aquellos días con el gobierno de Cambiemos, la reforma del CCT, entregando a las patronales importantes conquistas de los trabajadores y allanando el camino para la flexibilización en toda la rama. A la vez, acompañaba a SanCor a la Secretaría de Trabajo, para convalidar lo que serían de ahí en mas las suspensiones del personal, el pago de solo el 75% de los haberes y en cuotas, los atrasos en los aguinaldos y futuros aumentos, el que no se realizaran aportes, entre otros perjuicios a los trabajadores. Por su parte, la patronal volvía a la carga con los despidos encubiertos, esta vez ya no se trataba de presionar a la gente para que firmara, sino que, con la complicidad del sindicato, que no podía desconocer esta realidad, impedía el ingreso de los trabajadores a las plantas.

En ese entonces comenzó a hablarse del Plan SanCor para reestructurar la empresa. Pero lo que se había puesto en marcha hacía ya dos años, no era solo el saneamiento financiero, sino la destrucción de miles de puestos de trabajo que al día de la fecha ya suman más de 3.000.

Los últimos años aceleraron los ataques al personal, con los cierres definitivos de los Centros de Distribución de Bahía Blanca, Mar del Plata, Tucumán y Córdoba y desmantelamiento de oficinas administrativas en todo el país, concentrando las tareas en la casa matriz de Súnchales. El personal desafectado fue obligado a firmar indemnizaciones al 50%, en 12 o 18 cuotas, que la empresa dejó de pagar rápidamente obligando a recurrir a la gran mayoría de los ex empleados a la justicia.

También desmanteló la rama de repositores en dónde prestaban tareas mas de 300 operarios. Estos compañeros, permanecen actualmente suspendidos y junto a cientos de operarios de las distintas plantas, solo perciben desde el año 2019 a la fecha la insignificante suma de $ 10.000 por mes.

El papel de Atilra y de Ponce

Insistimos en que nada de esto hubiese ocurrido si quienes hoy dicen estar “preocupados y desilusionados” por el fracaso de los directivos de SanCor para sacar adelante a la Cooperativa, no hubiesen sido cómplices y colaborado decididamente con ella.

A lo ya dicho (avalar descuentos arbitrarios, despidos, suspensiones, falta de pago de salarios y aportes, condiciones de trabajo cada vez mas precarias, etc.), tenemos que agregar la discriminación hacia los trabajadores de SanCor, en cuanto a los sueldos, ya que mientras que el resto de las empresas recibían los aumentos paritarios acordados con las cámaras empresariales, los compañeros no ven impactados esos porcentajes, sino hasta dos años después.

Por otra parte, se permitió la persecución patronal a activistas que denunciaban estas situaciones y se dejaron pasar las amenazas públicas de los empresarios cuando, tras una serie de medidas de fuerza en la Planta de la localidad de Balnearea, se intimó al personal a que cesaran en sus reclamos o, de lo contrario, se cerraba la fábrica y se despedía a los trabajadores.

El gremio mientras tanto, en lugar de reclamar una solución inmediata para la gente, eligió sacarse fotos para enviárselas al Papa y dedicó sus esfuerzos durante todo el año pasado a recorrer Ministerios y Secretarías para pedirle a los funcionarios nacionales y provinciales, subsidios, créditos y condonación de deudas para la empresa.
Ahora sí, para Ponce, llegó la hora de poner en pie un plan de lucha.

Atilra parece haberse enterado ahora de lo que los trabajadores venimos reclamando desde hace cuatro años. De la noche a la mañana, entendieron que miles de familias viven en la pobreza e incluso en la indigencia (con sueldos de 10.000 pesos), viendo cómo sus condiciones de vida se hunden mes a mes o cómo la incertidumbre de perderlo todo, se apodera de ellos.

Ponce y los suyos, creen que los afiliados se olvidan de la entrega a la que fueron sometidos. Atilra los puso en bandeja de plata, para que SanCor los denigrara, arrebatandoles todos los derechos posibles y sumiéndolos en la pobreza.

Cuatro años mas tarde, La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera, tiene la caradurez de pensar que con dos comunicados amenazando con un paro, una propuesta inservible de cooperativizar a los trabajadores o un poema ridículo escrito por su “líder” pueden tapar su responsabilidad directa y su participación en la situación terminal que viven los empleados de SanCor.

¡Basta de mentirle a los trabajadores!

Los trabajadores de SanCor necesitan sacarse de encima el lastre de estos dirigentes gremiales pro patronales y funcionales al ajuste.

La única alternativa, para preservar las fuentes laborales es la inmediata estatización de la Cooperativa y la puesta en funcionamiento bajo control de los trabajadores.
Por una SanCor al servicio de las necesidades sociales.

¡Fuera Ponce y toda la burocracia¡ Por un gremio que defienda los intereses de los trabajadores.

Trabajadores lecheros en la Corriente Clasista Goyo Flores.

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