Walter Frisch, presidente de la ANPL, destacó que ese “triste” dato, que está cerrando un tambo cada 96 horas, lo explica la falta de rentabilidad.
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Juan Samuelle. El precio de la leche es bueno, la remisión es récord, pero siguen cerrando tambos.

Durante 2021 se acentuó el cierre de establecimientos dedicados a la producción de leche en el país, tanto que “bajó las cortinas” un tambo cada 96 horas.

El dato, con base en los registros del Fondo de Financiamiento de la Actividad Lechera (FFAL), lo destacó –con un dejo de tristeza– a El Observador Walter Frisch, productor y presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL).

“La verdad es que ese triste dato refleja una realidad y por eso estamos profundamente preocupados”, afirmó.

Mencionó que el dato exacto indica que desde el 1° de enero hasta al 30 de junio cerraron 44 tambos, en un ritmo adverso que supera a lo que se había dado en los semestres anteriores.

Si bien admitió que “alguno abrió”, eso está “muy lejos” de equiparar el número de los que dejan de producir.

Expresó que si bien es cierto y bueno que haya noticias sobre el constante crecimiento en la producción y remisión de leche desde los tambos –ver más adelante en las cifras–, así como también tienen relevancia las instancias electorales que habrá este año en la ANPL y en Conaprole, “eso no puede dejar oculto un tema tan grave, que haya cada vez menos tamberos en Uruguay”.

Sobre los motivos para que haya más cierres que los que hubo por ejemplo en 2020, admitió que es posible que en algunos casos la decisión estuviera encaminada y que se haya esperado un poco, a que llegaran precios mejores, para proceder a la liquidación.

No obstante, apuntó que el real motivo, el de mayor impacto, “sin dudas es que los márgenes de rentabilidad no son los que corresponden a la inversión y al esfuerzo que se realiza en un sistema productivo de leche”.

Esa ausencia de rentabilidad es una desmotivación muy fuerte y un camino directo hacia que el tambo cierre, agregó.

Sobre todo, apuntó, “eso es un desestímulo tremendo para los jóvenes”.

No solo la leche subió

Es verdad, puntualizó, que el precio actual de la tonelada de leche en polvo –el principal rubro de exportación en Uruguay– está en unos US$ 3.700 y que es un valor interesante (aunque en realidad Uruguay vende un poco por debajo de eso, precisó), “pero poco se habla de los fuertes aumentos que hubo en los distintos insumos a la vez que los mejoraron los precios internacionales”.

En un reciente relevamiento que Frisch realizó con Prolesa, detectó que de noviembre de 2020 al momento el precio de la urea subió 63%, el de los fertilizantes 87%, el del grano de maíz 26%, el del grano de soja 18% y el del glifosato 60%.

“Lo que me preocupa es que estamos en un momento de precios altos para la leche, pero si eso cambia y hay una baja, como suele pasar, no creo que todos esos insumos bajen del mismo modo y a la vez rápidamente”, expresó.

En el caso del combustible, otro costo clave, pidió tener en cuenta que el precio del gasoil estuvo mucho tiempo “quieto”, hasta mayo de este año. Apuntó que el gobierno retrasó el primer ajuste para que quede por fuera de la cosecha de cultivos de verano, del arroz y de las labores de confección de las reservas en los tambos, “un esfuerzo que nos vino fenomenal”, pero luego hubo dos subas que totalizaron un 25%.

En definitiva, “veo a la gente, al productor familiar, muy desestimulado, por lo tanto veo al sector empantanado”, lamentó.

Una mochila pesada

Sobre el tema del FFAL, otro que genera mucha inquietud, dijo que faltan 17 meses de pago y que “cuando se termine de pagar el contrato, que son US$ 17 millones, van a quedar 480 productores debiendo, porque eso lo están pagando los que van adelantados y esa es la cuenta que preocupa”.

Añadió que “se va a subsanar con la reforma a la ley que está a estudio del Parlamento que hace pasar US$ 7,5 millones del Fogale al FFAL III, pero en resumidas cuentas cuando se termine de pagar este FFAL habrá más por pagar, porque en realidad los productores debemos US$ 27 millones; todo eso es un gran lío. El FFAL era y seguirá siendo una mochila pesada”.

Frisch afirmó que “además de productores complicados hay plantas complicadas, con enormes dificultades y si esto no cambia no extrañará que en cualquier momento aparezca otra PILI”, –aludiendo a la firma sanducera que dejó de industrializar hace dos años–.

Por todo lo señalado, concluyó, “hemos planteado lo del Fondo Nacional de Lechería, es necesario que la lechería tenga su ley, es vital generar estímulos reales para que haya más productores, más trabajo y más leche, porque son esas cosas las que pueden llegar a arreglar bien las cuentas”.

“Son temas que está bueno sean planteados y debatidos, es verdad que la pandemia fue un duro golpe para todos, pero hay que ponerse a trabajar todos, juntos, porque seguimos con un margen sumamente acotado para el productor y siguen cerrando los tambos”, reflexionó Frisch.

Las cifras

5,7% creció la remisión de leche a las plantas en los primeros siete meses de 2021, comparado con ese período de 2020, totalizando 1.130,1 millones de litros, según el Instituto Nacional de la Leche. Hubo un aumentó de 6,5% en la remisión de julio de 2021 comparado con igual mes de 2020 (189,7 millones de litros). Y creció 5,7% en agosto 2020 a julio 2021 (2.138 millones de litros) respecto a agosto 2019 a julio 2020.

14% creció el ingreso por exportaciones de lácteos en los ocho primeros meses de 2021 respecto a igual lapso de 2020, con US$ 466,5 millones a cambio de 123.386 toneladas de leche en polvo entera y descremada, quesos y manteca.

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