Lo que sucede en términos tecnológicos y científicos en el negocio de los agroalimentos globales es uno de los principales acontecimientos de esta parte del siglo XXI.
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Nestlé, la mayor empresa de producción agroindustrial del mundo, con sede en Suiza lanzó este año su primera marca de leche de raíz vegetal, que es Wundea, que es una versión láctea del desarrollo de la pera.

El objetivo de Nestlé es disputar con la china Oatly un mercado de U$S 17.000 millones en creciente expansión, ubicado fundamentalmente en la República Popular; y esta disputa tiene lugar en un mercado global de productos lácteos de U$S 650.000 millones por año.

Se trata de un mercado de nuevo tipo en China. Hace 15/20 años, la clase media china se vio sacudida por una serie de escándalos en la provisión de productos lácteos para infantes, que culminaron con el envenenamiento de múltiples niños de menos de 5 años de edad por el consumo de alimentos mezclados con tóxicos.

El resultado fue una verdadera estampida de la clase media de la República Popular, entonces en su fase inicial, hacia las marcas lácteas extranjeras, ante todo neozelandesas y europeas.

Esta vez, el vuelco masivo de la población china de altos y crecientes niveles de ingresos es hacia los productos de raíz vegetal. Este giro histórico es arrastrado por el cambio experimentado en el gusto de los consumidores hacia productos más saludables y de mayor sustentabilidad sobre todo en lo que hace a la trazabilidad de sus orígenes y a la nitidez de sus componentes.

La razón de fondo de este giro es demográfica: habría más de 10.000 millones de bocas para alimentar en 2050; y la producción agroalimentaria actual capaz de sustentar una población de 7.500 millones de personas, utiliza ya más de 40% de la tierra fértil disponible en el mundo, y emite ella sola casi 40% del total del dióxido de carbono Co2, que es la causa fundamental del calentamiento de la atmósfera o “cambio climático”, el gran desafío del Siglo XXI.

La tendencia se acelera, y las restricciones también, especialmente debido al despliegue en gran escala de una clase media de 440 millones de integrantes con ingresos comparables a los norteamericanos (U$S 35.000 / U$S 45.000 anuales), que comparte los criterios de salubridad y alimentación de sus congéneres norteamericanos y europeos.

En este sistema integrado de producción agroalimentaria los consumidores son el segmento verdaderamente decisivo. Son ellos los que fijan las reglas de juego para el conjunto de la estructura global de producción y distribución.

Esta es la razón que explica porque hay un vuelco de la inversión hacia los productos lácteos de alta tecnología y base vegetal.

El año pasado, la inversión de capital de riesgo (Venture Capital) en los lácteos de raíz vegetal superó más de U$S 1.600 millones en Wall Street, que se duplicarían en los próximos 2/3 años; y son más de 124 las “start ups” agrícolas de la especialidad que han recibido esta inmensa masa de capitales: 1/3 de ellas están ubicadas en China.

Todas las otras grandes compañías agroalimentarias han comenzado a seguir el camino de Nestlé, entre ellas Danone, su principal competidora y líder de las trasnacionales francesas.

La provisión láctea tradicional ha respondido a esta ofensiva de los productos de base vegetal con un accionar en gran escala ante la justicia Europea, hasta que finalmente logró en 2017 que esos productos no puedan ser vendidos en el mercado utilizando los términos “leche” o Yogurts, porque esas –aducen- no es su naturaleza.

Claramente, es una posición meramente defensiva en relación a las grandes tendencias de fondo demográficas y económicas que sustentan a sus competidores, aunque un punto a favor de la industria tradicional es que los productos de base vegetal contienen reconocidamente menos proteínas que los originarios.

Así, por ejemplo, la leche de vaca contiene 3 gramos de proteína cada 100 miligramos del producto, y el Wundea de Nestlé admite sólo 2.2 gramos, aunque los laboratorios de investigación de la gran compañía Suiza prometen cerrar la brecha en 2/3 años a más tardar.

Lo que está en marcha es un proceso de disrupción generalizado de la industria láctea en el mundo, que probablemente se sume a un cambio generalizado, cualitativo de la forma de alimentarse y en el fondo de vivir, con epicentro en la gigantesca clase media de la República Popular.

Lo que sucede en términos tecnológicos y científicos en el negocio de los agroalimentos globales es uno de los principales acontecimientos de esta parte del siglo XXI.

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