A 60 años, enfrenta sustitutos del lácteo y competencia desleal.
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Llevamos tecnología de gestión de calidad de la leche: Rubén Masayi González Uyeda. Foto. Francisco Rodríguez | El Occidental

Han pasado más de 60 años desde que inició Lechera Guadalajara, la compañía que con el tiempo adoptó el nombre comercial y popular de Sello Rojo, la marca de leche que más se consume en Jalisco y que además se distribuye en otras partes del país, pero sobre todo que sigue pugnando por llevar leche real de Los Altos a los hogares y vencer a los sustitutos de otras marcas que abundan en el mercado.

El presidente del Consejo de Sello Rojo, Rubén Masayi González Uyeda, recordó en entrevista el inicio de la empresa por parte de su abuelo, Roberto González de la Torre y su padre, Rubén González Sánchez, ambos con visión empresarial y de tecnología, originarios de Acatic, un municipio en la Región Altos de Jalisco, reconocida por la alta producción lechera.

Explica que la compañía ha evolucionado, primero pasando hace casi tres décadas del envase de vidrio al de plástico y luego, lanzando nuevos productos que además de venderse en Jalisco, llegan a Sonora, Sinaloa, Nuevo León, Michoacán, Nayarit, Aguascalientes, Colima, Querétaro, Zacatecas y Guanajuato.

Para Sello Rojo laboran poco más de cuatro mil personas en las cuatro plantas que tiene en Jalisco y pensando en esas más de cuatro mil familias, es que seguirán apostándole a la innovación.

¿Cómo comenzó la empresa?

En 1961 mi abuelo recibió una llamada, donde le hacían mención de la tuberculosis, que se transmite a través de la leche de vaca y algunos otros mamíferos al humano si no es pasteurizada y ante la solicitud de que entrara la iniciativa privada a apoyar el tema de salud, fue que mi abuelo decidió invertir en una empresa rentable y al venir de Los Altos de Jalisco y ver una industria lechera que iba creciendo, pensó que había materia prima y un requerimiento de salud y así nació Lechera Guadalajara.

En más de medio siglo ¿cómo se ha adaptado la empresa a la tecnología?

Con el tiempo fuimos desarrollando nuevas tecnologías en cuanto a la pasteurización de la leche y pasamos de una pasteurización tradicional, que requiere refrigeración a una de ultra alta temperatura y al ser envasada en envases de cartón fue teniendo esa facilidad de llevarla a más kilómetros sin el alto costo de los camiones con termos especializados, con gasto de energía para enfría.

Sigue siendo el mismo principio para destruir las bacterias patógenas y lo que ha cambiado tecnológicamente son los envases, los empaques y la manera de servirlo, porque la sociedad ha exigido una facilidad al momento de servir en vaso y requiere tecnología en la tapa, en el sellado y hoy encontramos cantidad variada de empaques, ya sea para refrigeración o para darle vida de anaquel hasta por seis meses.

En el campo ¿cómo ha sido la tecnificación?

Llevamos tecnología de gestión de calidad de la leche, enseñando cuáles eran los equipos que determinaban la calidad de la leche, de acuerdo a las tecnologías que había en Estados Unidos y Europa y ellos fueron depurando y mejorando productividad de acuerdo a qué alimento le daban al ganado y las prácticas en los centros de ordeña mejoraron sustancialmente, porque se dieron cuenta que la cantidad de bacterias que se generaban por un mal manejo en el rancho le daban menor vida de anaquel al producto en el mercado.

Si bien, la marca se conoce por la leche, ¿qué otras variedades de productos tienen?

Estuvimos desarrollando leches de sabores, las cuales siguen vigentes y fuimos evolucionando con productos como gelatinas, bolis, yogurt sólido, yogurt líquido, café y la Naranjada Sello Rojo, que tiene casi toda la vida de la empresa, desde los años 70 ya exprimíamos la naranja, nos mandaba mi padre a exprimir en unas máquinas que prácticamente eran manuales y con eso hacíamos un jugo de naranja que con el tiempo desapareció por ser de alto costo y el público prefirió la naranjada.

Luego mi padre le añadió otros productos como la bebida de guayaba rosa, que él mismo iba y hablaba con cultivadores de guayaba de Calvillo, Aguascalientes; la de tamarindo y jamaica que nos traíamos de diferentes partes de la costa, porque mi padre siempre privilegió apoyar a la gente del campo, por el mismo origen de él y de su familia.

¿Cómo ve a su competencia?

La leche tiene un control y no es fácil elevar el precio, hay demasiada competencia y alguna desleal que con adulteraciones que se ha mencionado por mucho tiempo en la industria y cuando hay malas prácticas comerciales y falta de ética de producción se nos complica, porque no podemos contra algunas acciones como bajar el precio y nosotros no podemos bajarlo, porque ya no nos da.

¿Cambió el mercado en los últimos años?

Se ha dificultado a como estábamos hace 20 años, la competencia se vino y siempre se va a repartir el mercado, pero también hay fenómenos de migración que nos pegaron muy fuerte, llegó mucha gente de otras partes de la República, sobre todo de Ciudad de México y ya traían una línea de preferencia y esas marcas ya las tomaban en automático y algunos se detenían a ver Sello Rojo y a qué sabía y ahí empezó la competencia ya no de las empresas, sino del mismo gusto de las personas.

¿Qué sigue para la empresa?

Estamos en desarrollo de productos nuevos, no podemos hablar de lo que viene, porque la competencia está ahí y tenemos que ser muy cuidadosos para poder tener un resultado positivo del esfuerzo de tantos que trabajan en la empresa, sobre todo de quienes están en las áreas de Desarrollo y Mercadotecnia, que han tratado de entender qué quiere el mercado y llevarles lo que se requiere. Dicen: “Encuentra una necesidad y satisfácela o crea una necesidad y satisfácela”, y es el gran reto.

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