Canadá es un exportador neto de productos primarios; Finlandia vende al exterior desde madera, oro, zinc y pieles hasta celulosa, papel, lácteos, petróleo crudo refinado, maquinarias; y Dinamarca se distingue por industria alimenticia, entre otros.
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Modelos de desarrollo económico como los adoptados en las últimas décadas por Canadá, Finlandia o Dinamarca pueden ser una referencia para la Argentina, afirmó hoy Daniel Schteingart, el director del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI, dependiente del Ministerio de Desarrollo Productivo), durante un encuentro organizado por la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

La pandemia de Covid-19, evaluó, “está quedando atrás y la reconstrucción requerirá pensar qué lugar queremos ocupar en la división internacional del trabajo y cómo cerrar brechas sociales y ambientales”.

Schteingart señaló, en ese sentido, que “una opción es el sendero de Corea, concentrado mucho en la industria y poco en los recursos naturales; y otra estrategia es Australia, apostar todo a recursos naturales, una especialización a la que jugó el Gobierno anterior”.

Pero en el primer caso se trata de un modelo con salarios bajos como punto de partida, sin disponibilidad de recursos naturales y con un Estado autoritario, “lo que plantea enormes desafíos institucionales de política industrial, economía política y geopolítica”.

El camino australiano, a su vez, “sobreestima el potencial de recursos naturales de la Argentina, puede provocar tensiones ambientales y está expuesto a shocks externos (sequías, precios internacionales)”.

Las alternativas, dijo Schteingart, son otros casos “híbridos” como los de Canadá, Finlandia y Dinamarca, “en los que se vio que es posible el desarrollo a partir de congeniar recursos naturales con sectores lejanos a ellos”.

“Estamos acostumbrados, en un país de tanta grieta, a pensar siempre en agro versus industria, uno a expensas de otro, pero la verdad es que tranquilamente se pueden generar un montón de complejos productivos a partir de los recursos naturales”, definió el funcionario.

Destacó luego que Canadá es un exportador neto de productos primarios (petróleo, gas, madera, oleaginosas, trigo, oro, carbón, mineral de hierro, cobre, níquel, pieles, pescado, carnes).

Pero también exporta manufacturas intensivas en recursos naturales (celulosa, papel, petróleo refinado, aluminio); manufacturas de origen industrial (autos, fertilizantes, aviones, instrumentos ópticos, motores); y servicios (informática, comunicaciones, financieros, empresariales, para la construcción).

Finlandia, a su vez, vende al exterior desde madera, oro, zinc y pieles hasta celulosa, papel, lácteos, petróleo crudo refinado, maquinaria de uso agrícola, forestal y para la construcción, instrumentos de precisión, plásticos, vidrios, fertilizantes, equipos de telecomunicaciones, acero, embarcaciones; y servicios de transporte marítimo, propiedad intelectual, financieros y para la construcción.

Dinamarca, en tanto, se distingue por sus envíos de cerdo, trigo, pescado, petróleo, pieles, lácteos, bebidas sin alcohol, cigarros, maquinarias generales y de uso específico agrícola; industria alimenticia, editorial, instrumentos médicos, medicamentos, químicos, autopartes, muebles y servicios informáticos, de comunicaciones, propiedad intelectual, etc.

Schteingart advirtió que “las políticas productivas son fundamentales”, y advirtió que “sin modelo de desarrollo esas políticas serán contradictorias y más proclives a acumularse en capas geológicas”.

En ese sentido, concluyó, “sin consensos mínimos el resultado es el cambio permanente del sistema de incentivos, la ausencia de previsibilidad y comportamientos defensivos de los actores económicos, que terminan pujando por la renta en un juego de suma cero”.

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