La de los tamberos es una tarea muy sacrificada, que comienza de madrugada, los 365 días del año, y no mengua ni con las más bajas temperaturas.
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Los tamberos trabajan los 365 días del año.

Una ola polar con fuertes heladas está afectando a Entre Ríos esta semana. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió este lunes una advertencia color violeta por “bajas temperaturas”, con marcas mínimas de hasta -6°, y anunció “fenómenos que pueden presentar inconvenientes o dificultades en el normal desenvolvimiento de la vida social”. En este contexto, a campo abierto muchas veces, quienes se desempeñan en ámbitos rurales continúan con sus tareas, afrontando el frío extremo. Entre los más abocados a su labor, se destacan los tamberos, que arrancan antes de las 5 de la mañana y su jornada se extiende por más de 12 horas, los 365 días del año, ya que producen un alimento perecedero que deben entregar sin interrupción.

Jorge Bianchini es uno de ellos. Su papá ya se dedicaba al tambo, una actividad que él pudo conocer desde chico y en la que se sigue desempeñando hoy, a sus 50 años. Vive en la zona situada entre el paraje Las Piedras y El Palenque, con su esposa, con quien tiene cuatro hijos. Esta semana, además de las tareas de ordeñe, le toca trillar el campo. Desde arriba de su tractor, en pleno tarea, dialogó con UNO y comentó: “Todos los días a las 5 de la mañana tenemos que arrancar sacando leche. Nos tenemos que levantar entre las 4.15 y las 4.30 para tomar unos mates antes. Debemos madrugar siempre, no es que un día nos podemos levantar media hora más tarde, porque la lechera ya está acostumbrada a un determinado horario”.

Con respecto a las bajísimas temperaturas, admitió: “Se siente el frío. Uno ya lo tiene impuesto, es como todo. Hay que abrigarse más y tomar los recaudos necesarios, porque se sufre. Hay que salir con ropa y botas sanas, porque sino no estamos protegidos”.

A su vez, refirió: “En el tambo usamos los termotanques, que los tenemos instalados en algún lugar para que calefaccionen también en parte la sala de ordeñe, que siempre está calentita. El problema es cuando tenemos que salir a buscar las vacas”.

Este trabajo al que se dedica, demanda una asistencia perfecta: no se suspende ni domingos, ni feriados ni otros días festivos, incluso a veces tampoco cuando hay un velorio. Si alguien se enferma, se busca a alguien que ayude, pero no se para en absoluto. Sobre el quehacer diario, Bianchini detalló: “Hay una rutina que se debe respetar los 365 días del año: con lluvia o sin lluvia, con calor o frío, se saca leche. Después que se hace ese trabajo se saca a la vaca a comer silo, rollo, depende de lo que haya; después se la manda a pradera. Eso es lo que se hace hoy, y que en verano puede variar por la dieta. Al mediodía algunas vacas se traen para los corrales, 14.30 o 15 se ordeñan de vuelta, se largan a las praderas, se les da de comer y ya se hicieron las 18.30 a las 19, que las vacas salen del verdeo y vienen a comer silo de vuelta. En verano se extiende un poquito más porque se corren los horarios de ordeñe”.

Según contó, en la actividad se suelen mantener los mismos hora rios que en verano, época del año en que las mangas cortas hacen de algún modo más cómodo el trabajo. Y mencionó que en este tiempo en que arrecian las heladas cierra la sala de ordeñe con portones y ventanales grandes, que puede abrir nuevamente en la temporada estival. “De por sí el del tambero es un trabajo complicado, pero uno va tratando de adecuar las condiciones para el bienestar en la tarea para quienes nos acompañan en esta labor, para la familia y para uno mismo. Porque este es un trabajo familiar”, sostuvo, y agregó: “No puedo tener en malas condiciones a una persona que está conmigo, porque también me toca a mí hacer este trabajo y sé que voy a pasar frío yo también”.

En el caso de las vacas, señaló: “Uno busca que el animal tenga resolana, es decir, un monte para que el animal se guarezca en invierno, y en el mismo monte pueda sombrear en el verano. No está esa posibilidad en mi caso y lamentablemente las vacas pasan frío en este tiempo, pero cuando hace calor tienen sombras artificiales, que hacemos nosotros, porque la vaca sufre más el calor que las bajas temperaturas, padece el estrés calórico. En el frío tiene el pelo que la protege de algún modo”.

Por otra parte, explicó que en cada estación del año se tiene que modificar la alimentación que se le proporciona al vacuno: “En verano la dieta es más fresca, y en invierno hay que darle algo que le proporcione más energía para que el animal esté mejor. Invertimos en comida todo el año, y hago mi propia reserva para esta época del año”, mencionó.

“Los animales se enferman tanto en verano como en invierno, y más que las temperaturas, sufren la humedad. Hay que contar con un veterinario porque todo el año hay infecciones. Esto no es sacar leche nomás, sino que lleva todo un trabajo de mantener sano al animal, alimentarlo, darle su fertilidad y cuidado”, sostuvo Bianchini, quien destacó que heredó este oficio de su padre, que falleció cuando él tenia 20 años y desde entonces siguió adelante con esta tarea, a la que hoy los avances de la tecnología la hacen más sencilla que décadas atrás, pero sigue insumiendo el sacrificio de estar trabajando todo el año, en una jornada que se prolonga desde que se levantan, muy temprano, hasta que anochece.

Adrián Buffa, propietario de un tambo situado en el distrito Pueblo Primero, a unos 12 kilómetros de Rosario del Tala, también compartió su testimonio con UNO y coincidió en que tanto cuando hace calor como en días de bajas temperaturas, se mantienen los horarios: “Empezamos 5.30 de la mañana y sacamos leche de vuelta a las 18”, dijo, y añadió acerca de la tarea en estos días tan fríos: “Nosotros no tenemos galpones o tinglados para los animales, pero a los terneros sí se les hace reparos con rollo o con lona. Las vacas están a campo en nuestro sistema, por ahí en otros lados sí usan galpones y las encierran con el frío”.

En concordancia con lo que contó Bianchini, aseguró que el verano afecta más a la actividad, por el estrés calórico que sufre el animal. “En verano consumen mucha energía, mucha proteína, y con el calor se complica. En invierno, al no haber proteína en el campo, que se saca de las alfalfas, se les pone en el balanceado”, indicó.

Buffa tiene 51 años y hace 10 que se dedica al tambo. Si bien subrayó que es un rubro sacrificado, sobre esta elección comentó: “Lo organizamos mucho con mi señora. Tengo una sola hija, que está estudiando Veterinaria en este momento, y elegimos esto porque es la única actividad en el campo en la que se tiene un ingreso todos los meses”.

“En los otros rubros, como la ganadería, hay que esperar entre ocho meses y un año que un ternero se críe; en la agricultura, esperar meses para cosechar y por ahí el tiempo no ayuda y se pierde el cultivo. Y si bien en el campo a cielo abierto no hay una actividad que sea totalmente segura, en el tambo se tienen más posibilidades de tener todos los meses un pago por la producción”, dijo a modo de conclusión.

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