Darío Dell Erba desarrolla planteos pastoriles sencillos y de bajo costo en seis establecimientos sobre campos alquilados en Rafaela con muy buenos resultados económicos; aprovecha la oferta forrajera de la región.
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Son seis tambos de base pastoril (Foto de Josefina Tosetto)

No sería novedad afirmar que la Argentina es su país con fuertes oscilaciones en su economía y con serias dificultades para planificar el futuro. Además, el elevado gasto público obliga a una muy fuerte presión impositiva sobre el sector privado, dentro del cual el agropecuario es uno de los predilectos de muchos gobiernos. En ese contexto complejo, los empresarios agropecuarios deben llevar adelante sus planteos productivos a lo largo del tiempo sobreviviendo a distintos sistemas económicos, en los que no se excluye, tampoco, la intervención del Estado sobre los precios de los bienes salario, como la carne, la leche con los farináceos.

Frente a ese escenario complicado, Darío Dell Erba tomó una decisión: desarrollar una producción lechera con un sistema de bajo costo unitario, que pudiera sortear los recurrentes períodos de bajos precios que debe sortear la actividad a lo largo de los años. Así, tiene en funcionamiento seis tambos principalmente pastoriles con buenos resultados económicos.

“Comencé con un tambo en un campo alquilado en 2001. En ese año, de grave crisis económica, había muchas posibilidades de ingresar al negocio porque había gran disponibilidad de predios que producían leche con resultados económicos negativos”, rememora Dell Erba, un empresario que opera en el centro este de la provincia de Santa Fe.

“Yo vivía en Rafaela y trabajaba en el INTA. En ese momento, con un compañero de la misma edad, decidimos dar el paso y empezar algo por cuenta propia”, agrega.

El tiempo fue transcurriendo y con mucho esfuerzo, en 20 años, Darío hoy tiene seis tambos funcionando al este de la ciudad de Rafaela, en el departamento de Castellanos. Ocupan 800 hectáreas arrendadas. También alquila 400 hectáreas más para cultivos agrícolas con doble propósito: cosecha de grano o alimento para el tambo.

Un esquema sencillo

El planteo de Dell Erba es simple y eficiente: un tambo principalmente pastoril, aprovechando el muy buen potencial de producción de forraje de la región, complementado con silo y heno, y una cantidad menor de subproductos industriales y alimento balanceado. Con ese esquema alcanza una producción anual de 23 litros por vaca y por día como promedio en los seis tambos. En temporada llega a 28 litros y tiene vacas que superan los 50 litros por día.

El sistema tiene como base la elevada producción de pasto que brinda la alfalfa en la zona, que es el recurso alimenticio de menor costo para las lecheras. Se pastorea directamente en primavera y verano, y se complementa con silajes de distintos materiales, con aprovechamiento directo de los animales mediante autoconsumo.

El excedente de producción primaveral de la alfalfa se destina a la confección de silos y rollos. Además, se ensilan maíz, sorgo y soja a partir de lotes sembrados con doble propósito: si el año viene muy bien se cosecha el grano y, si no, se destinan a confección de reservas.

Así, el esquema nutricional de las vacas de tambo comprende aproximadamente 70% de forraje y 30% de suplementos que incluyen, además del silaje, expeller de algodón, heno y alimento balanceado, según la época del año. La composición estacional de la dieta es formulada por un nutricionista que mide el volumen y la calidad del forraje disponible en el lote, tras lo cual prescribe los suplementos por agregar.

El silaje es aprovechado a voluntad con autoconsumo. Dell Erba dispone de bolsones estratégicos ubicados cerca del tambo y de las aguadas para aprovechamiento directo y evitar el gasto de movimiento con mixers. El empresario se inclina por este tipo de producción porque la variabilidad de la economía argentina exige trabajar con bajos costos para ser sustentable.

La cría y recría de las vaquillonas de reposición también es muy sencilla. Luego del nacimiento, las terneras se mantienen unos pocos días con el sistema de estaca. Después van a un corral de cría comunitaria con leche pasteurizada y atención permanente. A los 60 días se deslechan y pasan a otro corral de recría comunitaria donde reciben alimento balanceado y rollos hasta alcanzar los 150 kilos. De allí van a un corral que concentra las terneras de todos los tambos del empresario, alimentadas con rollo y balanceado.

Alrededor de los 14-15 meses, con 320-330 kilos, van a un sistema pastoril, en el que consumen alfalfa y silo de maíz de buena calidad, en el que ya empiezan a adoptar la alimentación de lo que será después su vida productiva. Con ese peso ya tienen estado reproductivo y entran a servicio, luego de haberse controlado la sanidad. Por ejemplo, para tuberculosis se hace la reacción ano-caudal y luego un sangrado para el test de Elisa, que determina si el animal está o no libre de la enfermedad.

El servicio es continuo, aunque se busca evitar los partos desde fines de diciembre hasta principios de febrero. La parición tiene lugar a los 24-26 meses, con 550-570 kilos.

Todo el planteo empresario de Darío está desarrollado en campos alquilados. El arrendamiento se paga en litros de leche por hectárea. Como promedio en la zona, se abonan 100 litros por hectárea y por mes. En las distintas unidades productivas, Dell Era alcanza una producción promedio de 13.000 litros por hectárea y por año.

“Desde los primeros años del tambo trabajé con inseminación artificial de las vacas. Primero, con semen de centros locales, puse el acento en la mejora de la ubre. Luego, operando con Select Sires-Juan Debernardi, agregamos la búsqueda de la fortaleza de las patas y animales más fuertes y resistentes”, recuerda Darío.

“Más recientemente me di cuenta de que había llegado a un techo con la raza Holando Argentino y quería innovar. Fua así que viajamos a Europa con Juan Debernardi y me interesó el Holando Irlandés, un biotipo de vacas que pesan 100 kilos memos que el Holando Argentino y se acercan al tamaño y al peso de una vaca Jersey”, añade Darío.

“Mantienen la estructura general de nuestro Holando, pero en un tamaño menor, con adecuado espacio intercostal y muy buena ubre. Su comportamiento productivo y reproductivo es muy bueno. Además, tienen un gen que las hace más resistentes a tuberculosis”, argumenta.

“Con el semen de toros de esa raza inseminé a las vaquillonas del rodeo buscando menores requerimientos de mantenimiento, periodo de preñez más corto y mayor facilidad de parto por parir un ternero más chico”, completa.

“Es un biotipo con el que están trabajando varios tambos argentinos y cierra el círculo de la producción con un sistema sencillo y sustentable, con costos y necesidades de personal muy distintos de los de sistemas más intensivos”, diferencia el empresario.

Con su planteo simple y funcional, Dell Erba tuvo muy buenos resultados económicos en 20 años de trabajo. Partió de cero y hoy tiene 2500 cabezas, tractores, equipo de labranza, de cortapicado y de movimiento de suelos, más otros bienes de capital. Su intención es seguir con este sistema de producción que cuida el ambiente, da trabajo a muchas familias, resiste periodos de malos precios de la leche y resulta sustentable a largo plazo.

Con aires de Nueva Zelanda

La producción de leche con bajo costo unitario se desarrolla en muchos países. El ejemplo clásico es Nueva Zelanda, una nación donde la mayor parte de los tambos alimenta a su rodeo mediante el aprovechamiento directo de pasturas cultivadas de alta producción. Ese alimento es el de menor costo comparado con otros (granos, subproductos industriales, etc.), para cuyo manejo han desarrollado una filosofía que tiene por lo menos cuatro pilares básicos: pasturas fertilizadas de alta producción, óptima cosecha del forraje con alta carga, empleo de animales eficientes para transformar pasto en leche y correcto ordeño. El esquema busca hacer coincidir los requerimientos nutricionales de la hacienda con la curva de producción estacional de forraje.

Este sistema, además de mantener bajos costos de producción, preserva la armonía con el ambiente y con la sustentabilidad, ya que convierte energía solar en alimento vegetal primero, y en un producto animal de calidad, como la leche, después, mediante una combinación que involucra el suelo, las plantas, de los animales y el empresario. No hay que olvidar que los rumiantes, con sus cuatro estómagos, son muy eficientes para extraer la energía y generar proteína a partir de los forrajes mediante la asociación con los microorganismos del rumen.

Las claves

-En Rafaela, los campos tienen muy buen potencial de producción de alfalfa; Dell Erba la combina con reservas generadas en su empresa y recursos externos.
-La alfalfa se pastorea con alta carga en forma directa en los meses de primavera y verano y se complementa con heno y silaje de varias especies, explicó.
-Dell Erba emplea Holando Irlandés, una raza de vacas con menores requerimientos de mantenimiento que las Holando Argentino, de gran rusticidad y productividad.
-Las vacas Holando Irlandés pesan 100 kilos menos que las Holando Argentino; tienen un periodo de preñez más corto y facilidad de parto.

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