El 1º en Uruguay fue instalado en el predio de la Unidad de Lechería de INIA Estanzuela, y cumplirá su primer año de funcionamiento en setiembre de 2019.
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En el marco del 8º. Congreso Internacional de Lechería, actividad bianual que organiza la Asociación Uruguaya de Técnicos en Lechería, llevado a cabo los días 12 y 13 de junio, conversamos con Martín Pol, técnico argentino, director en su país de la empresa de lactodiagnóstico Sur SRL, sobre tambos robóticos, tecnología que rápidamente se abre paso en el ámbito de los principales países productores de leche del mundo.

El médico veterinario sostuvo que “Es realmente interesante ver cómo en varios países están surgiendo proyectos con tambos que permiten robotizar el proceso de ordeñe, que están funcionando con mucho éxito”. El primero en Uruguay fue instalado en el predio de la Unidad de Lechería de INIA Estanzuela, y cumplirá su primer año de funcionamiento en setiembre de 2019.

Una persona que decida modificar su sistema productivo, “pasar de un tambo convencional a uno robótico, debe tener claro que deberá modificar radicalmente el manejo del rodeo para que sea consistente con la nueva tecnología. El manejo, además de poner el énfasis en la sanidad de los animales, debe ponerlo también en su limpieza para que el robot pueda ordeñarlas eficazmente”.

La premisa de que la automatización o robotización de procesos disminuye la cantidad de mano de obra necesaria para llevarlos a cabo, en este caso en particular resultó un mito. El técnico argentino expresó que al experimentar y desarrollar esta tecnología “uno de los hallazgos más agradables que hicimos fue constatar que el robot no reemplaza el trabajo humano, sino que lo modifica. Lo que el robot hace y hace bien, es ordeñar. Puede hacerlo durante las 24 horas del día sin nuestra asistencia, pero seguimos necesitando personas que tomen decisiones y luego las lleven a la práctica, que sepan de vacas, que sepan leer e interpretar los datos que nos proporciona el robot. Estas habilidades son tanto o más importantes que en un tambo convencional”.

Según Pol, el tambo robótico modifica radicalmente los horarios de trabajo, “no es necesarios tener horarios inconvenientes, que no son agradables y ni siquiera saludables. Se sigue trabajando mucho, pero en horarios compatibles con una vida humana más convencional, que nos permitan no solamente asistir, sino disfrutar el cumpleaños de un hijo o la fiesta en el pueblo”.

Optimizar la producción

El técnico destacó que “los tambos robotizados con ordeñe voluntario, en los que la vaca decide cuándo se ordeña, son los más frecuentes”. Esto trae aparejado que se modifique la frecuencia de ordeñe de cada vaca, “tal vez una de alta producción en vez de ordeñarse dos veces al día se ordeñe cuatro o cinco, mientras que una en baja producción, una sola. De esta manera vamos a optimizar la producción de leche, porque vamos a ajustar la alimentación de los animales. Solamente este factor nos puede asegurar un incremento del 10% en la producción”.

Sobre este punto, Martín Pol explicó que “en un tambo robótico de ordeñe voluntario no alimentamos a las vacas de una manera general, dándoles a todas lo mismo. Tal vez sí en los forrajes groseros, pero los componentes más caros de la dieta se ajustan a cada animal de acuerdo a lo que produce. No sobrealimentamos ni subalimentamos a ninguna vaca, y de esa manera optimizamos la conversión de alimento a leche”.

Respecto a la información que proporciona el robot, Pol señaló que, entre otras, “podemos contar con el dato de producción por ordeñe y por cuarto mamario de cada animal. Esto te sirve para saber cuál es el momento óptimo para secar una vaca, por ejemplo. Y fíjate qué interesante… La robotización nos permite volver a la vieja práctica de los tambos pequeños, en los que cada animal era un individuo y recibía el trato que necesitaba. A medida que los tambos convencionales se volvieron más grandes, dejamos de manejar individuos y pasamos a atender grupos de animales. Los robots nos permiten volver a manejar al individuo, con los parámetros de calidad que alcanzamos en los tambos convencionales”.

¿Cómo funciona un sistema voluntario de ordeñe robotizado?

-Las vacas se mueven por sí solas en el sistema (potreros, callejones, tambo) teniendo como principal incentivo al alimento (cuando se hace escaso, se mueven). Al moverse buscando alimento deben pasar por la sala y ahí el robot efectúa el ordeñe.
-Un robot realiza por sí solo el proceso de ordeñe pudiendo las vacas acceder a él a cualquier hora (24 horas, los 7 días).
-La detección de celos y mastitis se realiza por sensores.
-Las personas pueden trabajar de 8 a 17, sin necesidad de estar presentes durante el ordeñe.

Su utilidad

Las principales tareas son chequear en la computadora reportes y alarmas del software, tratar o inseminar vacas, armar parcelas, suministrar reservas y traer alguna vaca «retrasada» del potrero. Al irse a su casa, las alarmas pueden llegarle al teléfono y resolverlas de forma remota.

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