Desde Estocolmo, donde aprende sobre el negocio lechero, Santiago Moro, ex CREA, cuenta su visión y su vida. Asegura que Argentina tiene gran potencial.
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Santiago Moro en la ciudad de Estocolmo.

¿Por qué una persona querría irse a vivir a un lugar donde, durante en verano el día dura casi 19 horas y en invierno sólo verá la luz del sol -si tiene suerte de que salga de entre las nubes- apenas 5-6 horas al día? Por trabajo, por pasión -en este caso la lechería-, por las ganas de sorprenderse y conocer cosas nuevas o por amor. Como un plato de comida bien variado, quizás todo esto atravesó el cuerpo y alma de Santiago Moro cuando en noviembre de 2021 dejó Argentina siguiendo los pasos de su pareja para aterrizar en Estocolmo, Suecia.

“Sin datos sólo eres una persona con una opinión”, escribió en su cuenta de nitter (acrónimo de Not-Twitter) una de las redes sociales en las que participa y difunde lo que hace Moro, un agrónomo de primera generación en la familia, al que las vueltas de la vida lo llevaron a la investigación para el desarrollo de la lechería: “Trabajo para producir de la mejor manera para las personas y el ambiente”.

Estocolmo está construida sobre más de 14 islas, tiene más de 50 puentes y casi un millón de habitantes, y, dicen, es una de las ciudades más inteligentes del mundo. Parte del país está en la misma latitud que Islandia o Groenlandia, bien cerca del polo norte. Limita al oeste con Noruega y al este con Finlandia y el golfo de Botnia. Estocolmo. Para el sur, Estocolmo está 700 km de Copenhague, la capital de Dinamarca, sin embargo, el sur sueco está separado por un cruce en bote de menos de una hora de la frontera danesa.

“Las noches largas son complicadas, de hecho, te generan hasta problemas de salud, yo tuve que tomar unas vitaminas (vitamina D) porque la falta de sol te afecta”, confesó Moro, de 35 años (10 en el sector lechero), en diálogo con Clarín Rural.

Su padre es abogado. Su madre ama de casa. Su infancia la pasó en barrio norte, en Capital Federal, “no somos de familia de campo”. “Lo curioso es que por parte de mi padre somos 7 primos de los cuales 3 somos agrónomos, algo ahí pegó fuerte”, contó Moro. En su caso, quizás influyó que cuando era chico iba al campo de un amigo y ahí fue agarrándole el gustito a la biología, los animales, y así fue como, cuando hubo que elegir una carrera, para estudiar optó por la agronomía.

“La verdad es que no sabía nada, pero poco a poco me fui apasionando por el campo y en especial por la lechería”, contó Moro. Entre 2012 y 2014 estuvo trabajando en un campo en Ameghino, provincia de Buenos Aires, en donde hacían mucho de lechería, además de agricultura y ganadería. “Empecé como segundo encargado, hice varias cosas, pero de la lechería me impactó que es algo de todos los días y cualquier cosa que hagas, bien o mal, tiene rápido impacto, además, tiene mucha integración con la agricultura”, resumió.

En 2014 entró en CREA lechero, y allí estuvo hasta febrero de 2022. “Fue mi escuela, ahí me di cuenta de que quería seguir por este camino, profundizando el conocimiento del tambo en sí, pero también tranqueras afuera, con la gestión y el negocio, además de las políticas”, recordó Moro.

Arrancó como técnico, después terminó coordinando la comisión nacional de lechería de CREA. Se empezó a vincular con la gestión pública, tranqueras afuera y así llegó la oportunidad de irse del país un tiempo. “Hace muchos años quería vivir la experiencia de irme a fuera y surgió la posibilidad de Estocolmo para acompañar a mi pareja y nos vinimos”, contó.

Lechería y fast food

La idea inicial de Moro fue trabajar en lo que conocía, la lechería, en Estocolmo, pero una propuesta de trabajo que tenía se desintegró con la pandemia y lo agarró decidido a hacer el viaje, por lo que tuvo que rearmarse hacia otros caminos.

“Me fui en noviembre de 2021 y trabajé de manera remota para CREA hasta febrero de 2022, hoy trabajo para una consultora argentina en temas lecheros (AZ Group) pero vivir acá es muy caro, no alcanza, ojo, a mí me sirve también para seguir conectado con la lechería argentina y mundial, al menos me mantiene hasta que pueda conseguir trabajo de lo mío acá”, explicó.

Para comunicarse se arregla con el inglés, “que lo hablan casi todos” pero además, tienen cursos públicos para aprender sueco, porque ellos quieren difundir su idioma también. “Mi día a día lo divido entre lo que hago para seguir conectado con el sector lechero, además, acá trato de conectar redes, he tenido reuniones con distintas empresas, voy tratando de posicionarme”, contó Moro, que también ocupa su tiempo, hoy, en la búsqueda de trabajo en “algo vinculado con el negocio lechero”.

Otra buena parte de su día es el tiempo en el que trabaja para ganarse el mango sueco. “Lo que tengo que hacer para sobrevivir acá, hoy trabajo en un restaurant de comidas rápidas, armo platos, trabajo en la cocina, aprendo mucho, me sirve”, compartió.

“La vida en Suecia es más cara que en el resto de Europa, mirá, te doy un par de ejemplos: una cerveza en España te sale 1 euro o 1 euro y medio y acá 8; lo mismo el café, en España 1 euro y acá 5 euros”, graficó Moro.

En estos meses, Moro ha estudiado todo lo que pudo y se ha conectado para volverse un experto en lechería europea. “Unión Europea es el principal bloque exportador del mundo lechero, todos los países del norte de Europa son importantes en lechería, pero Alemania y Holanda son los más importantes históricamente”, expuso Moro. Y prosiguió: “Suecia está en el top-ten, no son de los mejores, pero sí se caracterizan por alta producción individual, con vacas encerradas mucho tiempo”.

El que más creció, los últimos años, sin embargo, ha sido Irlanda que aumentó su rodeo y su producción. En el caso de Suecia, se mantuvo estable en cantidad de animales y lo que se redujo es el nivel de granjas, como está pasando en el mundo. “Una gran diferencia respecto de otros países productores de leche es que la calidad de vida del tambero que acá es otra y la incorporación de tecnología es altísima, pero porque lo vienen haciendo desde hace mucho antes que nosotros en Argentina”, repasó Moro.

Argentina en el mundo

A los ojos de Moro, “Argentina siempre tiene un enorme potencial lechero”, porque “no son muchos los jugadores a nivel mundial que pueden crecer tanto como Argentina podría en el mercado internacional de lácteos”. “Por eso creo que hay mucho margen para mejorar y salir de un estancamiento en cantidad de litros producidos”, opinó.

“Desde mi visión hay que pensar muchas cosas para ajustar y mejorar del sistema lechero nacional y no todas tienen que ver con más gastos”, apuntó el joven. Hay temas de logística, de la recolección de leche, y después sí, “la incorporación de tecnologías e infraestructura en los tambos y confort animal, algunas de estas cosas han ido mejorando ya pero falta poder hacerlo más extendido”.

“Cuando la situación está para poder invertir en el tambo, el tambero argentino invierte, lamentablemente, por la situación argentina se invierte más en algo de retorno rápido como más vacas o cambios en la alimentación, pero siempre está la idea de invertir para un retorno a largo plazo”, aportó Moro. Y agregó: “El tambero argentino es un fanático de lo que hace, hay una tradición detrás, por eso duele tanto cuando un tambo cierra”.

Además, Moro considera que “Argentina produce buena leche” en un contexto mundial que va hacia los encierres, “nosotros seguimos todavía con muchas vacas comiendo pasto y eso nos hace diferentes”.

​Sin embargo, esa realidad productiva hay que saber fortalecerla y estabilizarla para mostrarla al mundo. “Hay que trabajar para ser proveedores confiables y empezar a buscar nuevos mercados”, opinó Moro. Para él, Argentina tiene tres mercados interesantes para seguir trabajando: Mercosur, por cercanía; China e India, por aumento y volumen de demanda; y el otro mercado en el que hay que pensar en largo plazo es la costa oeste de África. En este sentido, consideró: “Argentina debería dejar de ser una lechería de saldos exportables, no se puede exportar lo que sobra, debe aumentar la producción y tener un plan seguro”.

¿Cuál es la llave para crecer?

El tema de Argentina es el volumen y la confiabilidad en alcanzarlo. Ya hace una década el Plan Estratégico de la Lechería (PEL) imaginaba llegar a 2020 con 18.000 millones de litros de leche. Eso, sin embargo, no sucedió. “Mejoramos en eficiencia individual, pero nos faltó la parte de crecer en cantidad de cabezas”, justificó Moro. Hace poco se publicó que el rodeo lechero argentino es de menos de dos millones de vacas, “hoy está más cerca de 1,5 millones y eso no es bueno”.

“En Argentina tenemos la capacidad para poder producir más leche, combinar sistemas pastoriles con suplementación, el camino creo ahora es aumentar el rodeo manteniendo la eficiencia lograda”, opinó. Imagina que se podría aumentar al menos un 15% el rodeo.

En 2021 Argentina pasó los 12.000 millones de litros de leche. En 2022, según contó Moro, viene promediando 1% más de leche que el año pasado. “Seguimos por tercer año consecutivo de aumento, esto es bueno, pero la cantidad de vacas se sigue reduciendo, a un ritmo de 1% por año, y eso no es positivo”, sopesó Moro, que recuerda que, cuando empezó en lechería, hace 10 años, la productividad por vaca estaba en los 18 litros; hoy el promedio es de 21 litros/vaca.

Por todo o a pesar de todo, Moro confía: “Apuesto muchísimo por la lechería argentina, tiene potencial y no hay muchos que puedan crecer como nosotros”. Entre sus desafíos, contó: “Parte de por qué estoy en Suecia es porque me encantaría saber qué están viendo y haciendo estos países, para luego poder aplicarlo en Argentina, no me refiero sólo a tecnologías duras, también en cuestiones de gestión”.

“No tengo fecha de regreso, pero tampoco me veo quedándome acá para siempre, lo que aprenda espero poder llevarlo para allá y, si puedo, algún día, hacer algo en la gestión pública, me encantaría ser director de lechería”, concluyó y dejó volar un sueño. Hoy -cuando hicimos la entrevista- ha sido un buen día, pues tuvo una entrevista para un posible trabajo en una empresa vinculada al negocio lechero.

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