El productor Juan Peluso tiene como objetivo cerrar el círculo de la sustentabilidad, con el foco en el medioambiente. A partir de noviembre, su establecimiento Doña Leonor tendrá certificación de “orgánico”
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El productor tambero Juan Peluso invirtió 1,5 millones de pesos en la instalación de los paneles y de una bomba sumergible solar. (Gentileza Maximiliano Constantino)

El productor Juan Peluso, de Huanchilla, espera con ansias el paso de los días y que por fin llegue el jueves 4 de noviembre: es la fecha en que su tambo Doña Leonor pasará a tener el sello que lo certifica como uno de los primeros establecimientos de producción de leche 100 por ciento “orgánica” de Córdoba.

Tuvo que esperar dos años para lograrlo, que es el período que se considera como mínimo para que los suelos en los que se implantan pasturas y cultivos forrajeros que se suministran a las vacas queden libres de agroquímicos. Por eso, la certificación que tiene hoy Doña Leonor todavía es de “en transición hacia leche orgánica”.

Desde el próximo mes, el privilegio de ser completamente orgánico será compartido con otros dos tambos de la cuenca del sur provincial: uno de Ucacha y otro de Monte de los Gauchos. “Quería tener el título de ser el primero solo, pero no pude”, bromea Peluso.

De todos modos, en lo que sí será pionero es en la implementación de un modelo que busca completar todo el círculo de la sustentabilidad, con el foco puesto en reducir al mínimo posible el impacto ambiental: recientemente instaló paneles solares para autoabastecerse de energía eléctrica y además comenzó a tratar a sus vacas con medicina “homeopática”.

RENOVABLE

“A mí me gusta todo lo que sea ecológico. No tengo ningún problema con la producción tradicional con el uso de fitosanitarios, incluso soy contratista: siembro, cosecho y pulverizo. Pero en lo personal, el mayor cuidado del medio ambiente es algo que me atrae mucho”, justifica Peluso sobre su apuesta.

En el caso de la energía solar, ya había probado con éxito el uso de termotanques también alimentados por la luz del sol y pidió presupuesto a un proveedor para instalar paneles en su quinta de La Carlota. Ese proyecto no avanzó, pero hicieron los cálculos de la inversión que podía hacerse para que el tambo de Huanchilla fuera autosustentable energéticamente y los números cerraron.

“Yo tenía ya un crédito autorizado por el Banco de Córdoba por 1,5 millones de pesos que lo utilizamos para la instalación de 34 paneles solares y de una bomba sumergible, también solar, en el otro campo, donde hacemos la recría de las vacas y producimos los granos también bajo un modelo orgánico”, explica Peluso.

La potencia instalada es para la generación de dos mil kilovatios por mes, que es de manera aproximada el consumo que tienen todos los equipos del tambo que usan electricidad.

“Tenemos dos bochas para los equipos de frío, en los que podemos almacenar hasta 15 mil litros, que tienen 10 caballos de fuerza, otros cuatro caballos en la bomba de vacío, y dos más en la bomba de lavado. También en la sala de ordeñe los comederos tienen motorcitos eléctricos para suministrarle a las vacas alimento balanceado orgánico”, repasa Peluso.

A esto hay que sumar un pasteurizador de leche que compraron hace poco tiempo para mejorar la calidad de la leche que se les suministra a los terneros en las “guacheras”.

Por ahora, el esquema está diseñado como una especie de “trueque”: como el kilovatio de energía solar en Córdoba no tiene un precio determinado, la idea es que si el tambo genera menos energía de la que demanda, solo pague la diferencia. Es decir, si un mes subió dos mil kilovatios a la red, pero consumió tres mil, sólo paga por mil.

Sin embargo, puede suceder al revés: que genere más de lo que demanda, y en ese caso podría quedar enmarcado en el régimen de energía distribuida y “venderle” luz a la cooperativa eléctrica de Huanchilla.

“Más allá de que en vez de pagar, por ejemplo, 50 mil pesos de luz, pague 20 mil, lo importante es lo que uno aporta en el cuidado del medio ambiente. La ventaja que tiene una inversión así, además, es que los paneles pueden colocarse en un predio de escasas dimensiones y que incluso ni siquiera hacen ruido”, menciona Peluso.

En total, Doña Leonor tiene 160 vacas en ordeñe que producen unos 3.500 litros por día, a razón de unos 22 litros por vaca. El destino de esta producción es la firma Nestlé, que en total tiene 25 tambos en el país que la abastecen para la línea de lácteos orgánicos que lanzó en junio pasado.

NUEVO PARADIGMA

La otra estrategia innovadora que encaró Peluso fue comenzar a implementar medicina “homeopática” para el tratamiento de las vacas, con el asesoramiento de la médica veterinaria Lorena Decara de Río Cuarto.

¿Qué significa eso? El reemplazo de los medicamentos, antibióticos u hormonas que normalmente se utilizan en la producción lechera, por preparados que son formulados en farmacias especiales, en base a extractos fundamentalmente de origen vegetal, pero también animal (como la miel de las abejas). Por ejemplo, bebidas que se elaboran con troncos de quebracho y que, al tener altos niveles de taninos, neutralizan los niveles de sales.

El objetivo es reducir a cero la posible presencia de químicos en la leche. Los protocolos de exportación de lácteos orgánicos a Europa, por ejemplo, permiten algún límite máximo de residuos químicos, pero los que impone Estados Unidos no. Si se quiere llegar a ese mercado, no queda otra que evitar cualquier tipo de tratamiento que no sea completamente natural.

Según Maximiliano Constantino, veterinario que atiende a los animales de Doña Leonor, “es un completo cambio de paradigma en el manejo sanitario”.

En general, este tipo de medicina se puede aplicar a todo tipo de males: desde edemas e inflamaciones, hasta casos leves de mastitis, metritis o fiebre.

Aunque requiere de recurrir a nuevos aprendizajes, Constantino afirmó que es necesario ante una demanda que probablemente siga creciendo de alimentos producidos bajo estos parámetros. Además, valoró que, en general, los animales que producen bajo estos sistemas con menor exigencia y estrés, suelen tener indicadores de salud mejores que los de sistemas tradicionales.

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