Uruguay |7 junio, 2019

Lecheria | Uruguay tiene que salir del mercado de commodities y apostar a un nuevo concepto en lechería, según consultor brasileño

La salida de productores de leche del campo uruguayo se tornó un proceso irreversible por la pérdida de rentabilidad de esa actividad y el endeudamiento acumulado.

Las industrias lácteas enfrentan dificultades debido al incremento de costos y el desafío de asegurarse materia prima en ese escenario.

Ante la interrogante de cuál debería ser la estrategia de la lechería uruguaya en esa situación, el consultor brasileño especializado en el negocio de los lácteos Marcelo Pereira de Carvalho planteó que Uruguay haga un intento por salirse del mercado de los commodities y disminuir esa dependencia. Más bien se debe apostar a un nuevo concepto atado a la sustentabilidad, el bienestar animal y las pasturas, recomendó.

Pereira, que es agrónomo egresado de la Universidad de Sao Paulo con maestría en Ciencia Animal y Pasturas, indicó los ejemplos de Irlanda y de las islas Azores que lograron con éxito diferenciar su producción y mejorar el ingreso para sus tamberos.

“En Brasil el costo del litro de leche por trabajo a veces es más caro que en Estados Unidos o Europa, debido a la baja productividad de la mano de obra”, advirtió respecto al incremento de costos laborales.

Ese brasileño, que es director ejecutivo de la consultora Agripoint, disertó sobre las perspectivas de la lechería mundial en el foro que organizó el Instituto Nacional de la Leche (Inale) ayer miércoles 5 en la torre de Antel.

Para Pereira, el joven tiene futuro en el tambo cuando incorpora robótica para ordeñar, gestión de datos, genética de calidad y alta productividad.

—¿Cuáles son las perspectivas para la producción de leche y el negocio de los lácteos?

—Lo que la cadena lechera aprendió en los últimos años es que, cuando se tienen precios buenos, en el mundo entero hay un estímulo en la producción en varios países al mismo tiempo. Entonces, aquella historia que teníamos de que la oferta de lácteos es muy restringida y la demanda es muy grande, no es tan cierto. Hay una demanda pero la oferta puede responder cuando los precios son atractivos.

Cuando eso ocurre, los países exportadores de leche como Uruguay, Argentina, Nueva Zelanda y Australia participan pero también lo hacen otros países como Brasil, algunos de Europa y Estados Unidos.

Otro punto importante es que esa idea que se tenía allá por 2017 respecto a que la demanda era mucho mayor que la oferta de la leche en polvo en el corto plazo y los precios serían de US$ 4.000 a US$ 5.000 y quedarían en esos valores, se demostró que no era real. Con precios muy altos hay un estímulo a la producción porque varios países pueden hacerlo obteniendo una buena rentabilidad. Pero debido a eso el mercado va a terminar saturado por la creciente oferta de productos. Y la demanda se va a resentir cuando los precios sean muy altos, porque los principales demandantes de lácteos son países con bajo poder adquisitivo e ingresos de renta restringida.

Hay que considerar también que el crecimiento de la demanda de lácteos en Estados Unidos y Europa es muy bajo. Y todavía está por llegar esa gran demanda de regiones de África y de Asia.

Hay un equilibrio entre oferta y demanda de lácteos y por eso los precios no suben mucho. El precio de la leche en polvo entera está en unos US$ 3.000 a US$ 3.100 por tonelada, que es mejor que los US$ 2.200 de hace un tiempo pero no llega a ser un valor altamente atractivo. Es un momento de equilibrio.

En el caso de China creció mucho la compra de lácteos en la década pasada y ahora lo hace a un ritmo más lento. El mundo pasó a depender mucho del crecimiento chino.

—Para poder acomodarse en ese escenario, ¿cuál debería ser la estrategia de una lechería con una estructura de cooperativa, como la de Uruguay?

—Una estrategia es intentar salir y disminuir la dependencia del mercado de commodities.

Irlanda, que es un país bastante parecido a Uruguay por ser un exportador de alimentos, que cuenta con pasturas y una población pequeña, creó un concepto nuevo que es el denominado origin green apuntando a eso del origen verde en cuanto a incorporar elementos de sustentabilidad ambiental en sus productos. No es un proceso rápido, requiere inversión y un tiempo para madurar.

Pero independientemente de si es una cooperativa o no, tal vez Uruguay pueda pensar en una estrategia país de cómo competir en el negocio de los lácteos sin precisar entrar en el mercado de commodities.

—¿Podría ser utilizando alguna marca parecida a lo que es el concepto de Uruguay Natural, que alude a las pasturas naturales?

—Eso puede ser. Hay un caso muy interesante que es el de las islas Azores, en Portugal, que tiene semejanzas con Nueva Zelanda, donde llueve mucho, y que tenía una producción de leche larga vida con bajo valor agregado. Y creó un concepto con bienestar animal, con sustentabilidad y una marca diferente que ya comenzó a ser exportado a Europa y con un resultado muy superior al que tenía.

Eso fue acompañado con una certificación y una auditoría en los tambos y con eso consiguió pagar mejor al productor y al mismo tiempo vender leche larga vida de mejor calidad al consumidor.

—Cuando se le propone a la industria láctea uruguaya apostar a productos con diferenciación y mayor valor agregado responde que eso representa un incremento de costos que lo termina haciendo inviable.

—Eso va a depender de cuánto aumento los costos y cuánto consigo después vender más caro mis productos. Eso requiere de un estudio de mercado pero es una estrategia de agregar valor y exportar a mercados más exigentes con un sobre precio.

Algo que sucedió en los últimos años es que hubo un alineamiento en los costos de producción entre los países productores de leche. Los que eran muy caros en sus costos, como los de Europa y Estados Unidos, registraron leves incrementos en ese factor de producción. Mientras que en los países con bajos costos ocurrió lo contrario, ya sea el caso de Brasil, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina, que pasaron a ser más caros. Entonces hoy todos esos países tienen una franja muy estrecha de diferencia de costos.

En el pasado se decía: ah, la leche uruguaya es barata, pero eso ya no es más así.

Si producir la leche no es tan barato, entonces las ineficiencias acaban sobresaliendo. Brasil tiene un costo enorme en mano de obra por un incremento registrado en los últimos 20 años. Eso en parte fue bueno porque significó dinero que la población ganó para poder comprar más lácteos que en el pasado.

Pero por otro lado, el costo laboral para producir aumentó muchísimo. En Brasil el costo del litro de leche por trabajo a veces es más caro que en Estados Unidos o Europa, debido a la baja productividad de la mano de obra.

Por eso hay que mirar con atención cuáles son los mejores sistemas de producción, qué costos tienen, cómo hacer a la lechería eficiente. Si hay productores de leche que lo consiguen, por qué eso no se puede adoptar en otros tambos.

—¿Y qué hacer ante el cierre de tambos y el desinterés de las nuevas generaciones en esa actividad?

—Los tambos están cerrando y esa es una cuestión interesante, porque el mundo de hoy es muy ambiguo y complejo. No creo que una política de Estado vaya a resolver esto, porque los jóvenes de hoy tienen muchas alternativas y no quieren hacer el trabajo de campo.

En Brasil la automatización y la robótica están creciendo en los tambos y no habrá espacio para el productor joven del pasado. Pero sí para el joven que tiene un tambo que ordeña con robots, que tiene gestión de datos, alta productividad y genética de calidad.

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