Paises Colombia Venezuela |28 octubre, 2013

anaqueles | #Venezuela: Anaqueles vacíos generan trifulcas

Peleas, golpes y malos tratos son comunes a pesar de vigilancia policial Como si se tratara de historias de guerra,…

Peleas, golpes y malos tratos son comunes a pesar de vigilancia policial
Como si se tratara de historias de guerra, los relatos de trifulcas, peleas, golpes y hasta sangre en los supermercados se hacen cada vez más frecuentes. Salir ileso, al menos sin un codazo, suena ya como una hazaña. “Entré sin que me empujarán”, decía Ana Ayesterán, al salir de un supermercado en Caricuao, donde hizo cola desde las 7:00 am para entrar a las 8:00, cuando abren, y comprar carne regulada.

Prueba de la violencia que desata la llegada de productos regulados es la presencia de policías, guardias del pueblo y milicianos en los establecimientos en un intento por regular el comportamiento de los compradores ávidos de alimentos. Sin embargo, los cuentos sobran.

Yuseika Méndez, mientras hacía cola en un abasto de la avenida Sucre, contaba que la semana pasada salió “bañada” en azúcar porque forcejeó con un buhonero para que no le quitara un paquete que tenía. La señora detrás de ella agregaba que vio como un grupo se “caía a piñas” por una harina de maíz en un supermercado en La Concordia. “Gracias a Dios conmigo no se metieron”. En otro extremo de la ciudad, José Ávila contaba que en Montalbán le arrebataron dos de los seis paquetes de harina que estaban permitiendo comprar en un local. Mientras que Ramses Zamora observó en persona un suceso que antes solo había visto en videos de Internet: una pelea con sangre por unos potes de leche, en un hipermercado en plaza Venezuela, ante la vista temerosa de un policía que solo gritaba “señores compórtense”.

Francisco Hernández, coordinador de la oficina de Justicia Municipal de Sucre, lamenta los al menos tres llamados semanales que recibe de comerciantes y vecinos del municipio que le ruegan por que envíe vigilancia cada vez que llegan productos regulados. “Yo no puedo distraer una unidad policial tanto tiempo. Los funcionarios (de Polisucre) llegan, rescatan el sentido de autoridad -organizan la cola, hace que se respeten a los adultos mayores- y luego hacen rondas por el sitio”.

Los enfrentamientos por alimentos que desaparecen y aparecen sin regularidad no distinguen clases sociales. Fernández cuenta que lo llaman desde urbanizaciones como Santa Eduvigis hasta de sectores populares del propio Petare.

La escasez y las largas colas parecen la formula perfecta para detonar conflictos entre los compradores. Cuando apenas llega un lote de leche el ciudadano no entiende que, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela (BCV), hay 16 alimentos básicos con un índice de escasez superior al 41%, solo saben que pueden pasar entre 15 días y hasta un mes para que vuelvan a los anaqueles.

Precisamente, según testimonios de compradores y empleados, es la leche el producto que mayores pasiones desata. Un trabajador de un supermercado en Vista Alegre recordaba que el fin de semana pasado cuando llegó tuvieron que bajar la santamaría y regular el acceso al establecimiento, en grupos de 20 personas. En San Antonio de Los Altos, a través de Twitter, los usuarios reportaron que fue tal el desastre ante la llegada del producto lácteo que tuvieron que cerrar las puertas de la tienda.

Sin control

La semana pasada 20 personas del barrio San Isidro, en el municipio Sucre, resultaron detenidas cuando intentaron saquear un galpón lleno de papel higiénico; que según los individuos estaba retenido.

Para Axel Capriles, psicólogo social, la escasez es solo un elemento más que detona el estado de crispación en que está la sociedad venezolana. “La escasez va mucho más del hecho, tiene una gran carga simbólica en la psicología colectiva. Venezuela siempre fue una sociedad que se identificó con la abundancia y el verse sometido a la escasez produce un cambio de visión de vida y una frustración tan grande que deja salir las emociones en momentos críticos” -como lo es la llegada de los anhelados productos.

Por su parte, Hernández cuenta con asombro que en sus 14 años como juez de paz es primera vez que recibe llamados por este tipo de incidentes, antes las denuncias eran por problemas intervecinales. “¿En qué nos estamos convirtiendo? Parece una batalla campal. La agresividad está a flor de piel. La impunidad nos está llevando a resolver todo a los golpes”.

Para los compradores, la presencia de los funcionarios de algún cuerpo de vigilancia ni siquiera es garantía de orden. Ejemplo de ello es el testimonio de Ramses Zamora. “Habían dos policías en las paletas donde tenían la leche. Uno salió corriendo cuando vio a la gente venir y el otro solo le pedía a la gente que se calmara. Parece un país de comiquita, da risa en el momento pero luego da tristeza”.

Yuseika Méndez, en Catia, coincide. “La gente se mata por comprar, se quitan las cosas de las mano, no le paran ni a los policías”.

El psicólogo social, Axel Capriles, aclara que precisamente eso es característico de los ‘estallidos’. “Hay una gran tensión no solo porque no se consiguen los productos básicos, también por la inflación, inseguridad, polarización política… Cuando eso estalla se borran los criterios normativos, en ese momento hay una perdida de la realidad, perdemos los límites y somos ciegos a guardias, policías…”

Tercera edad vulnerable

Entre esos, arrebatones a la salida de los establecimientos. Por eso María Lara, junto a su esposo, reorganizaba sus compras, a la salida de una tienda en La India, en unas bolsas de tela y otras plásticas de color oscuro. “A una vecina en Caricuao le quitaron de las manos un bulto de papel sanitario”.

“Lo que pasa es que tienen todo un movimiento organizado, se vienen en grupos y compran hasta cinco veces. Si son cinco personas en una primera visitan logran comprar hasta 10 potes de leche o aceite”, explicó el encargado de un supermercado en El Marqués.

En Vista Alegre, residentes denunciaron el mismo ‘modus operandi’, incluso dijeron que luego los productos eran revendidos en edificios de una Misión Vivienda cercana.

Sin embargo, el presidente de Indepabis, Eduardo Samán, aseguró que estos vendedores informales son “son víctimas finales de un aparato mafioso”. También indicó que el mayor problema de buhoneros que comercializan productos de primera necesidad está en el municipio Sucre y que en Libertador “está controlado”.

La oficina de Control Urbano de la alcaldía de Libertador lanzó la semana pasada una resolución que prohibe la venta de productos de la cesta básica a los comerciantes informales. Pero los vendedores apenas están enterados y siguen en los alrededores de Quinta Crespo y la avenida Sucre vendiendo aceite, harina de maíz, azúcar, mantequilla, arroz y leche.

En Caricuao, vecinos denunciaron que buhoneros o colectivos llegan al punto de saquear los camiones cuando realizan la descarga a los comercios.
http://www.eluniversal.com

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